¡Hiper nariz! ¡Super flair! ¡Ten olfato para ello!
La hipnosis se utiliza ante todo de forma natural. De hecho, muchos de nosotros practicamos la hipnosis sin darnos cuenta: mientras conducimos, fregamos los platos, vemos la televisión, etc. Del mismo modo, el terapeuta puede estar hipnotizando sin saberlo, o sabiéndolo pero sin decírselo explícitamente, utilizando la hipnosis conversacional, por ejemplo, o la hipnosis sin hipnosis...
Por supuesto, existe la hipnosis y la hipnosis, y la profundidad del estado hipnótico variará en función del trance que se experimente. En todos los casos, el terapeuta adoptará una ética irreprochable al estar totalmente al servicio del paciente. Pero los pacientes no deben tener miedo: en la hipnosis moderna, ¡no se puede ir donde el paciente no quiere ir!
Cada sesión comienza con un ejercicio y un entrenamiento para relajar el cuerpo... Soltar el control y la tensión muscular conduce naturalmente a un estado modificado de conciencia en el que el ego (la parte de nuestra conciencia que controla, filtra e incluso censura) puede hacerse a un lado y dejar las riendas en manos del "otro interior". En el sentido ericksoniano, el inconsciente (superior) es una especie de sabio dentro de nosotros (pero no se impone a menos que se le invite a hacerlo): el que ya conoce tanto el problema como su solución. Sólo hay que "dejarlo entrar" para escuchar sus consejos y, mediante una visualización activa, crear una experiencia vivencial que provoque un cambio duradero en nuestras representaciones y en nuestra manera de ser y de actuar...
Personalmente, me parece que cualquiera puede entrar en hipnosis... las únicas personas que se resisten a hacerlo son las que tienen miedo a dejarse llevar y a soltar el control de la mente... Por eso suelo introducir la meditación (o mindfulness, una técnica hasta cierto punto paralela a la sofrología y la relajación) como forma de aprender a soltarse y permitir que se despierte el hemisferio derecho del cerebro. La persona en meditación estará acompañada por el terapeuta, también en postura meditativa, que le hará sugestiones hipnóticas, sobre todo en forma de metáforas, para que pueda vivir en el presente
1) su pasado, pero de otra manera, liberando su carga emocional y superando las creencias erróneas y limitantes sobre el mundo vinculadas a él;
2) su futuro, sintiendo ya y alimentando "energéticamente" lo que le gustaría ver realizado en su vida, superando frenos y técnicas de autosabotaje superfluas y a menudo inconscientes, para alcanzar por fin sus recursos y ejercer su poder de resiliencia.
La EMDR también se utiliza a petición del paciente o cuando resulta apropiado. La EMDR permite desarrollar el segundo nivel de atención común a todas las terapias eficaces, en el que los pacientes se enfrentan voluntariamente (se exponen) a sus experiencias pasadas aún dolorosas anclándose en el aquí y el ahora, con el fin de crear una distancia terapéutica respecto a las emociones y los esquemas de pensamiento asociados a ellas. Esta desensibilización (en este caso mediante estimulación bilateral) a estos episodios perturbadores, al reducir sus repercusiones negativas, permite desenmarañarlos para que se "psico-metabolicen" y puedan formar parte de la nueva historia del sujeto sin que se produzcan nuevas retraumatizaciones inconscientes y alienantes...
Tanto la hipnosis como la meditación permiten esta "disociación contemplativa" entre el experimentador (sufrimiento) y el testigo (sufrimiento).
De este modo, a través de la práctica, podemos darnos cuenta de que mindfulness (o el Ser testigo) no se ve afectado fundamentalmente por la emoción que está observando y, por lo tanto, puede liberarse de ella automáticamente e incluso sin esfuerzo consciente.
La hipnosis está especialmente recomendada para los traumas, ya que generalmente tenemos poco o ningún acceso a la escena excesivamente dolorosa, y su representación verbal-mental es insuficiente o defectuosa (la mente se protege del recuerdo excesivamente ansiógeno reprimiéndolo). Si el trauma provoca una disociación desintegradora, la hipnosis permite, en una lógica paradójica, neutralizarla oponiéndole una disociación integradora.
En efecto, la hipnosis es una técnica, o más bien un estado de ánimo, que se remonta a los albores de los tiempos... y el "chamán", por ejemplo, también entraba (y hacía entrar) en "trances" a ciertos pacientes para percibir el mundo bajo otra luz... y liberar los poderes autocurativos del paciente, que aún estaban dormidos. En este sentido, mis iniciaciones con los médicos tradicionales han sido muy formativas... pero no te preocupes, no te arrastraré a un mundo poblado de espíritus si antes no comprendes que cada persona se compone en realidad de diferentes "meses" que a veces entran en conflicto entre sí, y que se trata por tanto de calmar las relaciones...
Se hace hincapié en la autonomía y la integridad del paciente:
1) durante la sesión, es el propio inconsciente del paciente el que le guía...
2) entre las sesiones y después del seguimiento, por la apropiación personal de la herramienta adaptada a una forma de autohipnosis para que el sujeto pueda beneficiarse de ella a petición en función de los avatares de la vida y mejor para prevenir desde el principio las repercusiones psicológicas potencialmente nefastas.
